Siempre él me ha visto como la hija de sus amigos, primero como niña, más tarde como adolescente, hasta que hace muy poco le apercibí un modo distinto de mirarme.
Fue durante una celebración en casa de unos conocidos de mis padres, yo fui a regañadientes, mis padres me obligaron a ir cuando mis planes era ir con mis amigas a un guateque. Durante el evento me lo encontré en uno de los salones, tras saludarme del mismo modo que otras veces él añadió “chica no paras de crecer… en todos sentidos” palabras que consiguieran que me ruborizase. Estuvo un buen rato charlando conmigo. Ya no me estaba tratando como a una chiquilla, sino más bien lo hacía como a una mujercita.


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